Nacho Carretero: “Creo en un periodismo no sectario”

Nacho Carretero: “Creo en un periodismo no sectario”

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Algunas veces los hoteles me recuerdan a Bolaño. Atravieso sus puertas y pienso, durante unas décimas de segundo, en Amalfitano, Pelletier, Morini o Archimboldi, que andaban de aquí para allá por los hoteles de Londres, París o Santa Teresa (México). Esta involuntaria asociación ficcional me ha rodeado de nuevo antes del encuentro con el cronista Nacho Carretero (A Coruña, 1981), que ha publicado ‘Fariña’ (Libros del K.O), un espléndido trabajo periodístico sobre el contrabando y el narcotráfico en Galicia -“estuvo a punto de convertirse en Sicilia”- del que acaba de publicarse la cuarta edición.

Para esta entrevista he necesitado entrar en dos hoteles. El primero por una confusión o por la confianza errónea de conocer la ciudad. En él he permanecido durante 20 minutos, bebiendo agua con gajos de limón en una recepción silenciosa, hasta la hora fijada: las 17.30. Luego he caído en la cuenta de no estar en el lugar correcto y he salido corriendo, sin excusas, por las calles de una Málaga con aliento bullicioso, bajo un cielo artificial de estrellas navideñas.

Al segundo hotel he llegado tarde, jadeante, sin imprevistos bolañescos. Allí me esperaba Nacho Carretero (que escribe ahora en El Español, además de la revista Jot Down) y allí termina transcurriendo esta entrevista con normalidad hasta la penúltima pregunta, cuando, por sorpresa, se ha sentado a nuestro lado el reconocido periodista y escritor Javier Valenzuela, que escucha los últimos compases del encuentro y termina cogiendoFariña, para leer o resumir en voz alta un fragmento de la contraportada: “Aunque ahora parezca una pesadilla lejana, en los años 90, el 80% de la cocaína desembarcaba en Europa por las costas gallegas. Aparte de su privilegiada posición geográfica, Galicia disponía de todos los ingredientes necesarios para convertirse en una nueva Sicilia”.

En a ‘raia mollada’ (la raya mojada), en la línea fronteriza entre Galicia y Portugal, en la desembocadura del río Miño, es donde sitúas el comienzo de todo, el germen de lo que más tarde sería el contrabando de tabaco y del narcotráfico procedente de América Latina. Antes de que estas prácticas criminales anestesiaran a la sociedad gallega en los ochenta y en los noventa, el contrabando echa sus raíces en Galicia durante la posguerra, como una manera de sobrevivir en ciudades cargadas de miseria…

La Galicia de posguerra era una región subdesarrollada, tanto económica como geográficamente. Era una sociedad muy atrasada pero con la particularidad de que era una zona fronteriza y, donde hay frontera hay contrabando, sobre todo cuando hay necesidad. El contrabando nace en Galicia por necesidad de alimentos, de medicina. Nadie se planteaba, en un primer momento, esta actividad como delictiva sino que los vecinos la veían como necesaria y buena, por lo que los contrabandistas eran gente respetada, gente que hacía un bien a la comunidad. Esa figura fue perpetuándose con los años y cuando en Galicia ya no se necesitaban estos alimentos básicos se buscó lo rentable y lo rentable fue la gasolina, la chatarra y enseguida el tabaco. El tabaco fue el producto que más dinero proporcionaba. Es aquí donde se enquista esta tolerancia hacia esta actividad que luego en el narcotráfico se convertirá en toda una cultura que lleva muchos años de ventaja al Estado.

Además de las características singulares que presenta la costa gallega, de la que escribes al comienzo de ‘Fariña’ que tiene “aversión a la línea recta” y es “un monólogo de acantilados”, ¿qué otros factores idiosincrásicos de Galicia destacarías como claves para que esa cultura estraperlista se terminara transformando en todo un fenómeno criminal sin control?

Primero, como he comentado antes, el fronterizo, que es un factor clave para entender este fenómeno. Luego el atraso económico. Galicia fue siempre una zona aislada respecto a otras regiones españolas y mucho más si la comparamos con Portugal. Otro aspecto es la costa. La historia de Galicia se explica siempre a través de su costa. Su orografía y características hicieron de la región un lugar idóneo para la introducción de mercancías. Siempre hubo una cultura, por mar y por tierra, del trapicheo y del trampeo. Todos esos factores son los que explican que el narcotráfico haya cuajado en Galicia y no en Asturias o en Cantabria. Por tanto, hay una serie de factores que hacen que el narcotráfico sea una consecuencia final de la evolución hacia un negocio que ya tenía una dimensión criminal distinta, más seria, y que se basaba y bebía de toda esa historia del estraperlo anterior.

Sin la complicidad social y sobre todo política, al margen de la falta de una sólida legislación que pudiera frenar, primero el contrabando y luego el narcotráfico, no hubiera sido posible que este sistema se hubiera enraizado con tanta facilidad y fuerza en el litoral y en el interior de los pueblos gallegos…

Claro, había una complicidad social que al principio tenía que ver con esta tolerancia hacia esas actividades que eran interpretadas como beneficiosas para la comunidad. Con el contrabando de tabaco se pensó que no era un problema porque seguía metiendo riqueza. Con el narcotráfico fue una costumbre heredada y un desinterés porque tampoco la gente sabía exactamente lo que era la droga. A todo esto hay que añadir un factor sociocultural que tiene que ver con esa idea “de que si no es en mi casa no es asunto mío”. En Galicia hay unos códigos de silencio, sobre todo en el mundo rural, muy fuertes, que en el caso del narcotráfico se hicieron más pronunciados. También hay que partir una lanza a favor de la sociedad gallega ya que quien tenía que hacer algo, que eran las autoridades o el Estado, no lo hicieron, bien porque eran cómplices, bien porque había connivencia o porque había intereses, por lo que decir ahora que fueran los vecinos los que tenían que haber tomado las riendas para solucionar ese problema sería injusto. Muchas veces se critica este silencio, pero ¿desde cuándo se puede reprochar a los vecinos que solucionen los problemas criminales?

Estos códigos de silencio a los que te refieres son similares a los que se producen en el mundo de la mafia. En el libro escribes que Galicia se parece mucho a Sicilia…

Hay una frase en la que se señala que Galicia estuvo a punto de ser Sicilia que responde casi a una frase hecha para explicar que, efectivamente, este contrapoder del narcotráfico llegó a penetrar en las instituciones y llegó a tener un control social y económico de Galicia muy importante. En Sicilia, la mafia llegó a crear un contra-Estado, al que acudía la gente en vez de al Estado porque se sentían abandonados, mientras que en Galicia, aunque no se llegó a este nivel, se llegó a una amenaza de ser eso. Pablo Vioque, uno de los narcotraficantes más importantes, abogado y presidente de la Cámara de Comercio de Vilagarcía; el ex alcalde de O Grove, afiliado a Alianza Popular y narcotraficante, Alfredo Bea Gondar; el jefe de todos los contrabandistas de tabaco y amigo íntimo de Manuel Fraga, Vicente Otero; uno de los grandes capos, Marcial Dorado, y sus fotografías polémicas con Alberto Nuñez Feijóo; esta connivencia constante, este fantasma de la narcopolítica sobrevoló Galicia, y llegó a un punto en el que el narcotráfico fue un poder alternativo.

Y para alguien que alza la voz, como hizo Mariano Rajoy, por entonces presidente de la Diputación de Pontevedra, se encuentra con el consejo de Manuel Fraga, que se hizo popular: “Mariano, vete a Madrid, aprende gallego, cásate y ten hijos”…

Se cuenta que fue uno de los pocos que alzó la voz y fue cuando Fraga le aconsejó que se fuera a Madrid. Lo del idioma lo dejó pendiente. Pero sí, el único movimiento que el Estado hizo contra el contrabando organizado de tabaco fue en 1984, el conocido como el macrosumario, impulsado por el juez coruñés Seoane Spiegelberg, y el gobernador de Pontevedra Virginio Fuentes, una redada que quedó en nada. Los capos huyeron a Portugal y allí mantuvieron un misterioso encuentro con el entonces presidente de la Xunta, Gerardo Fernández Albor. Tras esa reunión, los capos volvieron a Galicia y fueron absueltos y después, cuando se cerró el caso, sin que nadie pagara un plato roto, Virginio Fuentes acabó en Albacete y el juez Spiegelberg en Santander. A partir de aquí empezó la etapa más dura del contrabando de tabaco. Esto fue un ejemplo explícito del poder que llegaron a tener los contrabandistas y que luego heredaron los narcotraficantes enseguida.

‘Fariña’, del que se ha publicado ya la cuarta edición, recoge ese anhelo que te viene acompañando desde la infancia, cuando ya seguías con enorme interés todos los hechos que se producían en torno a este mundo…

El libro nace como lector gallego. Siempre me interesó un fenómeno que se asemeja mucho a la mafia, que tanto fascina. Existe toda una fascinación sobre este mundo, puesto que proporciona todo un material que ofrece muchas posibilidades: literarias, periodísticas o cinematográficas. Parece, no obstante, que se le da la espalda, porque es algo propio. Como es de aquí no le damos tanto importancia. Como periodista siempre pensé que este tema había que hacerlo. De pronto vi la posibilidad con la editorial Libros del K.O.

En la documentación periodística y posterior construcción de esta minuciosa crónica sobre los años de los señores de ‘o fume’ y el narco, ¿has percibido mucho miedo en la sociedad gallega a la hora de hablar de estos temas?

No sé si hay miedo pero sí resistencia. Los vecinos aún siguen sin querer hablar dando la cara sobre estos temas. Como ves, todas las fuentes del libro me piden anonimato, lo cual debilita el relato periodístico, pero no me quedó más remedio. Creo que es sintomático de que muchas veces el narcotráfico en Galicia es algo pasado, pero ni muchísimo menos. Sigue habiendo clanes en activo y sigue habiendo un respeto o miedo a meterse en ese asunto.

Muchos periodistas se han jugado el tipo en las últimas décadas por informar sobre este sistema criminal en Galicia.

Así es. En Galicia hay periodistas que llevan desde los años 80 informando puntualmente, desde el terreno, sobre el narcotráfico. Periodistas que se jugaron la vida porque estaban amenazados por los clanes. Ellos sí que se jugaron el pellejo. Yo al final lo que he escrito es casi un recopilatorio, un retrato del paisaje del narcotráfico, de principio al fin.

El juez Giovanni Falcone, el que fuera enemigo número uno de la mafia antes de caer asesinado a los 52 años, se preguntaba respecto a los ‘hombres de honor’ de la Cosa Nostra: ¿Cómo puede ser que hombres como los demás, algunos dotados de innegables cualidades intelectuales, se vean constreñidos a inventarse una actividad criminal para sobrevivir con dignidad? En el caso de Galicia, encontramos de todo, capos inteligentes y otros que ni siquiera saben leer y escribir. Sin embargo, ¿allí no hacía falta mucha preparación para ganar grandes cantidades de dinero?

De hecho, el perfil del narcotraficante en Galicia es un hombre sin estudios. Algunos no saben ni leer ni escribir, pero no les caben los ceros en la cuenta corriente. Lo que pasa es que en Galicia es la pescadilla que se muerde la cola. Esa frase de Falcone parece que hace referencia a que el Estado no le dejó otra salida. En Galicia el narcotraficante no es el producto de la marginalidad, ni de la miseria. Galicia es una zona con recursos para salir adelante sin el narcotráfico. Sin embargo, se enquistó la idea de que el narcotráfico y el contrabando eran la única salida y, enquistada esa idea, se dañó a negocios legales, con empresas tapaderas e industrias que podrían haber salido adelante, pero todo se lo llevó por delante esta actividad criminal. No es correcto decir que se vieron abocados al narcotráfico o al contrabando, sino que son caminos que elige el narcotraficante por codicia, porque quiere hacer dinero. Además, el narcotráfico en Galicia, que es narcotransporte, mercancía en tierra, tiene la infraestructura montada y no es difícil acceder. No es lo mismo ofrecerle a alguien un negocio relacionado con la descarga de cocaína en Cuenca que decírselo a un chaval en Vilagarcía. Está al alcance de la mano de cualquiera.

¿Esta situación ha afectado al tejido social y al desarrollo de Galicia?

Muchísimo. La red de empresas tapaderas de los narcotraficantes y generaciones enteras de jóvenes que veían en el narcotráfico una salida que les permitía dejar el estudio y el trabajo han hecho mucho daño social y económico a Galicia y siguen haciéndolo, porque hay muchísimo dinero invertido en negocios legales como hoteles, restaurantes o cafeterías en las Rías Baixas, que vienen directa o indirectamente del narcotráfico. Y ese es un fenómeno del que la gente no habla hoy mucho y tampoco le interesa; prefieren mirar a otro lado. Ahora también se mira para otro lado con el dinero del narcotráfico.

Con Marcial Dorado, que llegó a decir al periodista Felipe Suárez que no sabía de qué color era la coca ni el chocolate, ni quería saberlo, dices que se abrió una nueva generación de contrabandistas en tierras gallegas. ¿Qué época se abre y se cierra con este gallego, que llegó a gestionar un ‘trust’ de 28 sociedades?

A Marcial Dorado lo detienen en 2003. Representa simbólicamente la transición entre los capos históricos, como Sito Miñanco o Laureano Oubiña, y todos esos clanes satélites secundarios que les daban apoyo y cobertura. Cuando Marcial cae y caen los históricos, todos estos clanes de segundo nivel dan un paso al frente y toman las riendas del narcotráfico en Galicia. Se abre una etapa en la cual la actividad del narcotráfico es más alta que nunca. Es cuando empieza a haber más movimiento y cuando más kilos de cocaína se empiezan a meter en Galicia. Coincide con la época en la que coge las riendas de la lucha contra el narcotráfico el juez Vázquez Taín, el más efectivo que ha conocido la lucha contra esta actividad criminal, y se producen una gran cantidad de operaciones. Ese arranque del siglo XXI es una orgía narcotraficante.

La polémica foto con Feijoo aparecida en ‘El País’ no tiene desperdicio y las explicaciones del presidente de la Xunta menos…

Es un ejemplo de la prueba de la tolerancia que hay en Galicia hacia el contrabando y un poco hacia el narcotráfico. Creo que en otra parte de España hubiera sido inviable que continuara en el puesto. Una de las explicaciones que dio cuando aparecieron estas fotografías es que Marcial Dorado entonces sólo era contrabandista y eso se dio por bueno. Y ahí sigue en el puesto.

La reacción y la valentía de las madres contra la droga hacen despertar de ese largo letargo a Galicia y a las autoridades españolas…

Esas madres, como representación de una parte de la sociedad gallega, se levantaron contra el narcotráfico cuando vieron que sus hijos se estaban quedando por el camino. En Galicia hay toda una generación perdida, formada por cientos de chavales que en los años 80 y 90 se quedaron atrás. Cuando esas madres y padres reaccionan y ven lo que están pasando, se levantan contra los narcotraficantes y empiezan a hacer ruido, jugándose la vida. Les hacen escraches, cuando aún no se hablaba de escraches, van a los juicios, a sus casas, a los medios de comunicación… Esto hace reaccionar al Estado y hace saltar la Operación Nécora del juez Garzón.

Esta gran macrorredada contra el narcotráfico dejó muchos detenidos y luego muchos absueltos…

Judicialmente no fue lo esperado, ya que ningún capo recibió una sentencia contundente, pero sí fue muy importante para marcar un antes y un después. A partir de esta operación se acaba la ostentación, dejan de sentirse impunes. Ven que el Estado los empieza a vigilar. Empiezan a ser más discretos.

En una entrevista en ‘El País’ del pasado año, Roberto Saviano, autor de ‘Gomorra’, aseguraba: “Yo no creo que sea noble haber destruido mi propia vida y la vida de las personas a mi alrededor por buscar la verdad”. ¿Merece la pena arriesgar incluso la vida por escribir sobre determinados asuntos?

No lo sé, porque yo no he arriesgado la vida. Saviano escribió sobre un tema que sabía que le podría ocasionar eso y sobre una organización, la Camorra, que tiene un poder y una peligrosidad elevadísimos. No lo sé si merece la pena, depende de la persona. Saviano siempre dice que no le ha merecido la pena.

Cambiando de tema, en uno de tus reportajes del último verano en la revista ‘Jot Down’, titulado ‘¿Eres judío?’, señalas que los españoles tendemos a incomodarnos cuando nos encontramos con un judío, no por temor o rechazo, sino por desconocimiento. Dices que los españoles sienten ira hacia Israel y los judíos. ¿En qué te basas para llegar a estas conclusiones que al menos, al oírlas, te hacen reflexionar?

La palabra judío en España ya suena a insulto. Las conclusiones que saco en ese artículo son el resultado de muchas conversaciones con amigos que son judíos. Hay un cierto rechazo, por desconocimiento sobre todo, y porque se han perpetuado ideas sobre lo que significa ser judío que vienen de tiempo. Creo que lo que ocurre en España es que la idea de ser judío se basa en estereotipos, que falta información y se cae en un análisis más bien simple, que acaba generando prejuicios.

Viajaste al Líbano y pudiste ver la situación difícil de miles de refugiados sirios. ¿Cuál crees que debe ser la actuación de la comunidad internacional en Siria contra Daesh, sobre todo tras las atentados de París?

Es una pregunta muy difícil. No tengo la respuesta. Creo que en política exterior en Oriente Medio se han cometido muchos errores y que estamos pagando ahora. Ante un fenómeno como el del Daesh se necesita intervención militar para destruirlos, pero tiene que ser una intervención que esté basada en un aprendizaje anterior. Creo que los países árabes deben formar parte de esta intervención y que sean ellos los que establezcan la hoja de ruta de cómo debe actuarse. Si lo hace Europa de espalda a la comunidad árabe, van a perpetuarse problemas. Yo creo que hay que actuar de algún modo, pero no crear un escenario de enfrentamiento Occidente-Islam. Hay que evitarlo, diluirlo.

Parafraseando a la última Premio Nobel, la escritora y periodista bielorrusa Svetlana Alexievich, ¿hay algo más pavoroso que el ser humano?

Si no lo hay es porque no lo conocemos. Creo que lo más terrible que recibimos viene de colegas de especie. Pero también lo más maravilloso. A veces nos autoflagelamos, somos muy duros con nosotros mismos. Creo que el ser humano y el mundo tienden a mejorar. Si lo comparamos con hace 100 años, es un sitio mejor.

¿En qué periodismo cree Nacho Carretero?

Con el periodismo pasa también que nos flagelamos mucho. Yo creo que hay de todo, periodismo malo y periodismo bueno. Creo que se puede encontrar muy buen periodismo en España. Creo en un periodismo no sectario, donde el interés sea contar lo que está ocurriendo.

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