Enrique Vila-Matas: “La tendencia hispana a hablar con tópicos se debe a la pereza”

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(Publicado en elasombrario.com- Foto portada: Magdalena Siedlecki)

Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) ha creado, a lo largo de casi cinco décadas, un mundo propio, una poética original, arriesgada, renovadora, crítica con los convencionalismos, el realismo y los viejos paradigmas narrativos, una producción con la que ha reinventado la literatura. Hoy le entrevista ‘El Asombrario’ a propósito del premio que recibirá a finales de mes en la Feria del Libro de Guadalajara y de su nuevo libro, ‘Marienbad eléctrico’,publicado ya en Argentina y México, y que en España se editará en 2016.

El universo vilamatiano es ya un género en sí mismo que ha ido explorando nuevas formas y dialogando con otras disciplinas artísticas como el cine, la pintura, la fotografía, al tiempo que ha ofrecido nuevas propuestas. Su obra ha ido atravesando etapas en un viaje creativo infinito, sin retorno. Ha tematizado sobre la escritura y el silencio y ha ido entretejiendo un magma literario ambiguo, intertextual, lúdico, fragmentario, reflexivo, excéntrico, irónico, automitográfico, donde todo detalle autobiográfico es ficcional y toda ficción es autobiográfica, como señalaba Barthes. En esta aventura del lenguaje, “donde el estilo avanza dando zancadas triunfales y la trama va detrás arrastrando los pies” (Banville), late también la conciencia de un “presente moral ruinoso” y en ella palpita su insatisfacción ante una realidad tediosa, aburrida, sobrecargada de tópicos y frases hechas.

A finales de este mes de noviembre, Vila-Matas recibirá en México, en el marco de la Feria del Libro de Guadalajara, el Premio FIL a toda su obra, que cuenta ya con 40 títulos, una trayectoria que se inició en 1973 con la publicación de la nouvelle En un lugar solitario (que iba a ser su título original pero que apareció con el nombre de Mujer en el espejo contemplando el paisaje), aunque su escritura se dio a conocer mucho antes, en 1968, en la revista Fotogramas, donde comenzó a publicar críticas periodísticas de cine y a inventar entrevistas.

El autor de Bartleby y compañía, obra de la que se acaba de cumplir 15 años desde su publicación, acaba de sacar nuevo libro: Marienbad Eléctrico, que ha aparecido primero en Argentina y México y que verá la luz en España el próximo año. Se trata de un encargo de su editora en Francia, Dominique Bourgois, donde Vila-Matas hace de nuevo una incursión en el arte contemporáneo a través de su relación artística con Dominique González-Foerster, coincidiendo con la retrospectiva de esta artista en el Centro Pompidou de París, que se inauguró en septiembre y se clausura en febrero.

Acaba de cumplirse tres décadas de la publicación de un libro clave en su intensa trayectoria de casi cinco décadas: ‘Historia abreviada de la literatura portátil’. Con la aparición de esta obra se inicia una nueva etapa de exploración ontológica en el universo vilamatiano, dejando atrás los años de aprendizaje, de estética lúdica de sus primeros libros. ¿Cómo cree que incidió esa mezcla de “ensayo y ficción radical” en la evolución de la novela en español, muy marcada por el realismo?

En el momento de su aparición fue considerada una obra light en el marco de la nueva narrativa española. Ahora se ve que fue la obra más destacada del año, pero entonces la pusieron en el furgón de cola. El error indica cómo iban las cosas de mal ya en aquel entonces.

Esta obra, la historia de la conspiración ‘shandy’, o sociedad secreta de los portátiles, surgió a raíz de un artículo publicado durante su breve etapa en el periódico ‘La Vanguardia’, que fue elogiado por Jorge Herralde. En alguna ocasión ha dicho que en la escritura de este libro es posible que hubiera también un intento de parodia de los manuales de literatura…

No recuerdo haberlo dicho. Lo que sí recuerdo es que me influyó mucho la lectura deMaupassant y el otro, el libro de Alberto Savinio. No es un dato baladí si se quiere analizar el conjunto de mi obra. Maupassant y el otro es un ensayo-divagación: con el pretexto de escribir una biografía de Maupassant, Savinio se dedica a hablar de todo, siempre teniendo como eje y personaje central al escritor biografiado. Mezcla géneros, juega con la ortodoxia de las notas a pie de página. Maupassant y el otro es anterior, por cierto, al ensayo narrativo que oficialmente inventara el posmodernismo. De este libro lo que aprendí es que se podía escribir con absoluta libertad y hacer lo que a uno le diera la real gana; no era necesario amoldarse al género en boga entonces en España: la novela que sigue una trama lineal, procurando que lo que en ella sucede “se entienda”.

En septiembre de 1985, año de la aparición de esta novela fundacional, fallece Italo Calvino, que había dejado escritas sus ‘Seis propuestas para el próximo milenio’ y donde destacan conceptos literarios claves como la levedad, la multiplicidad o la visibilidad. ¿Está la literatura necesitada de un aligeramiento de peso tanto en su estructura como en su lenguaje?

Lo que aquí algunos paletos ilustrados entendieron por light respecto a mi Historia abreviada era en realidad lo que Calvino llamó “la levedad” aplicada a un texto. Seis propuestas para el próximo milenio fue un libro publicado tres años después de mi Historia abreviada y allí se proponía “la levedad” para el nuevo milenio. De hecho, la ligereza ya está en El Quijote. Así que lo de light fuera una imbecilidad. Por esos días, Sánchez Dragó también dijo que Anagrama era una editorial light. Por lo visto, todas las editoriales tenían que ser cerriles y castizas y sorianas a ser posible. Un ensayo que publicó Torrente Ballester en ABC a propósito del libro de Calvino recordó que “la levedad” ya estaba en El Quijote. No hay modo de que encuentre ese artículo, pero existió, lo recuerdo como si fuera hoy, porque sentí que de algún modo, sin Torrente saberlo, era el primero que me defendía.

En ‘Perder Teorías’ (2010) propone que la novela del futuro debe contar con cinco rasgos irrenunciables: la intertextualidad, las conexiones con la alta poesía, la escritura vista como un reloj que avanza, la victoria del estilo sobre la trama y la conciencia de un paisaje moral ruinoso. ¿Hacia qué horizontes y formas cree que se dirige la novela del siglo XXI?

Le preguntaron a Bolaño en 2001 en una entrevista en Chile qué novelas serían las que veríamos en el futuro. Y Bolaño respondió literalmente que una novela que sólo se sostiene por el argumento –con un formato más o menos archiconocido, pero no archiconocida en este siglo, sino ya en el XIX– es un tipo de novela que se acabó. “Se va a seguir haciendo y, además, va a seguir haciéndose durante muchísimo tiempo”, dijo Bolaño, “pero esa novela ya está acabada, y no está acabada porque yo lo diga, está acabada desde hace muchísimos años. Después de La invención de Morel, no se puede escribir una novela así, donde lo único que aguanta el libro es el argumento, donde no hay estructura, no hay juego, no hay cruce de voces”. Yo creía que la novela decimonónica iría dando paso a una narrativa de estructura más compleja, más en combinación con el mundo de las ideas, de la filosofía. Pero me temo que la novela va hacia Las sombras de Grey. Sebald quizás sólo fue un espejismo.

Las novelas más interesantes de hoy no parecen novelas.

Marienbad eléctrico, un pequeño libro que acabo de publicar en Argentina (Caja Negra) y México (Almadía), demuestra, en palabras de Edmundo Paz Soldán, que “una nueva forma de escribir novelas es posible, que hay una necesidad de abandonar los viejos paradigmas de la escritura narrativa -el sueño de la verosimilitud decimonónica- para repensar la novela desde las posibilidades abiertas por la vanguardia artística, con la diferencia”. Y reconoce Paz Soldán, muy perspicaz en sus comentarios, que esto lo he venido pensando yo desde hace años. Es un buen artículo, porque si te digo la verdad soñé con leerlo cuando terminé Marienbad eléctrico.

¿Será definitivamente la literatura de los próximos años, como ha vaticinado alguna vez, una escritura sin géneros, una literatura en estado puro?

Ya la tenemos entre nosotros. Lea usted, por ejemplo, El mago de Viena, de Sergio Pitol. Ahí el autor ha disuelto las fronteras entre los géneros; es una obra sin índices. Los textos consisten en fragmentos oníricos, inverosímiles, reales e irreales, pero la estructura al fin crea una unidad perfecta. Pitol se desposee de todo para alcanzar esa prosa que yo creo que puso en movimiento Nietzsche. W.G Sebald fue un continuador; recuerdo que dijo: “Soy escritor de prosa no de novela”.

En la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, a finales de este mes, le entregarán el Premio FIL a toda su obra. México fue uno de los primeros países en reconocer su obra…

Es un premio que tiene hasta sentido. Porque la misma feria de Guadalajara forma parte de mi biografía tanto como de mi imaginario narrativo. A la feria llegué por primera vez en 1992, sin dormir, en compañía de escritores de diversas nacionalidades; llegué en un tren que bautizamos como el “tequila express” y que cruzó México en una tempestuosa noche. El ministerio de Cultura mexicano hizo que subieran cajas y cajas de tequila para el consumo nocturno de los escritores y aquello fue un delirio. El tren llegó a las siete de la mañana a Guadalajara y nos llevaron directamente al acto inaugural de la feria cuando ésta aún no movilizaba a los editores de mi país (recuerdo que cuando volví a mi tierra me miraban como extrañados cuando les decía que venía de la feria de Guadalajara). Y también recuerdo el discurso inaugural que dio el director entonces de la feria de Frankfurt, al que habían invitado y que confesó que jamás había confiado en que llegara a ponerse verdaderamente en pie en la caótica Jalisco aquella manifestación cultural y comercial tan germánica y estaba asombrado viendo el trabajo que habían realizado los organizadores.

Veinte premios muy destacados avalan ya su producción literaria, galardones que han llegado sobre todo a partir del nuevo siglo. Cuando oye que su nombre está entre los candidatos al Nobel, ¿qué reflexión le suscita?

La primera vez que lo leí fue en Le Figaro. Iba por una calle de París, hace tres años, leyendo ese periódico cuando vi que decían –allí me consideran medio francés- que la sorpresa del año era que me hallaba entre los favoritos del Nobel. Que era candidato lo sabía porque había visto en internet la famosa lista británica de Ladbrokes, pero ningún periódico español, aun teniendo acceso todos a esa lista, lo había comentado y pensaba que la cosa continuaría así, sin ser mencionada. Pero hay más países aparte de España y leí la noticia de Le Figaro mientras caminaba por el bulevar Saint Michel y me di cuenta de que el pavimento no temblaba ni me pasaba nada especial al leerlo; leí aquello como si hubiera leído un resultado bueno de fútbol, preferentemente del Barça. Y debo decirlo: fue raro, porque leí aquello como si hablaran de otro. Ni me inmuté. Y luego, por la tarde, pensé: ¿Qué te ha pasado? ¿No te lo has creído?

S. Naipaul dice que para escribir libros serios tienes que estar dispuesto a romper las formas. Su literatura, precisamente, ha conseguido resquebrajar cualquier convencionalismo. Sin creatividad sólo hay tedio artístico, repetición, decepción…

Incluso en mis artículos de Café Perec (El País) mis lectores no me perdonan que sea convencional, sólo aprecian realmente aquellos en los que me atrevo a arriesgar. Y yo lo hago con sumo gusto porque lo que quiero es divertirme y porque si algo me horroriza de verdad es, por ejemplo, que una conversación con cualquier persona sea plana, cargada de frases hechas. El otro día leí que la tendencia hispana a hablar con tópicos es atribuible a la pereza. La gente busca la comodidad de lo ya dicho. Algunas de nuestras estrellas literarias repiten curso desde párvulos, pero no les faltan miles de profesores perezosos que los ponen como modelo de escritura. Para qué ir más allá, deben de pensar los haraganes de siempre.

En la simbiosis entre el cine, el teatro y el periodismo comienza a forjarse, en los años 60, el universo vilamatiano. ¿Qué han significado estas disciplinas para el desarrollo de su actividad creadora?

No he dejado de colaborar en la prensa desde que empecé a escribir libros, incluso, ahora que lo pienso, mucho antes de escribirlos. Comencé con 20 años. También en la dirección de cine me inicié a los 20 años. A los 17 dirigía teatro.

En ‘Dietario voluble’ se constata su fascinación por el cine, con múltiples referencias a lo largo de toda la obra. Aparecen aquí directores como Kubrick, Bergman, Godard, Wenders, Hitchcock, Scorsese… Sus primeras colaboraciones en prensa fueron críticas sobre películas de Sergio Leone, Clint Eastwood o Richard Burton…

Si no hubiera escrito París no se acaba nunca, habría escrito un libro titulado Entrevistas inventadas, sobre mi experiencia en Fotogramas. Pero considero que con un libro autobiográfico en mi obra es suficiente. Los demás que he escrito, se ha de comprender de una vez por todas, sólo tienen esa apariencia autobiográfica, pero en modo alguno lo son.

Su producción se ha movido en el binomio entre literatura y periodismo. Como hemos visto anteriormente, muchos de sus artículos son embriones de futuros libros. ¿Novelas y columnas son, en su caso, vasos comunicantes de una sola voz?

Hay un trasvase continuo entre literatura y periodismo, pero es que generalmente, aunque sea periodismo, lo que hago es literatura. Durante mucho tiempo hice una página dominical en El País-Cataluña, que se titulaba Dietario voluble. Era una página insólita porque formaba parte de lo que luego acabó siendo mi libro Dietario voluble. Una página sumamente literaria y en la que trabajaba con una libertad absoluta. Si esa página sobrevivió tanto tiempo en domingo en el periódico, era porque no aparecía en la edición nacional y pasaba lo suficientemente desapercibida para que pudiera yo seguir haciendo mi trabajo. Alguna vez alguien me llamaba y me decía que era un escándalo que no me pasaran a la edición que se leía en toda España, es decir, junto a Buenafuente y compañía, allí sería mucho más leída. Y ahí era donde yo decía: por favor, ni pensarlo. Sabía que el salto a las páginas importantes lo iba a fastidiar todo, sería visto. Y sería el final.

Tras la publicación de ‘Kassel no invita a la lógica’, donde escribe con ironía: “No hay caos en el arte actual, ni crisis de ideas, ni atasco alguno”, ha publicado ‘Marienbad Eléctrico’ en Latinoamérica, libro que aparecerá en España en 2016. Sigue reflexionando sobre el arte contemporáneo…

Es una nueva excursión al arte contemporáneo de vanguardia. Surgió de un encargo de Dominique Bourgois, mi editora francesa. De hecho, el libro ha salido también ya en Francia. Edmundo Paz Soldán acaba de escribir que, “en su aparente modestia y levedad,Marienbad es tan potente como el manifiesto de David Shields sobre la necesidad de abandonar los viejos paradigmas de la escritura narrativa -el sueño de la verosimilitud decimonónica- para repensar la novela desde las posibilidades abiertas por la vanguardia artística, con la diferencia, por supuesto, de que esto lo ha venido pensando Vila-Matas desde hace mucho”. Y acaba diciendo que con Marienbad no sólo defiendo una nueva forma de escribir novelas, sino que presento un excelente ejemplo de esa nueva forma. Y yo no puedo estar más de acuerdo en esto. Además, es un libro distinto a todos los míos, incluso al de Kassel, quizás porque la idea me ha venido de Dominique Bourgois. Yo no habría tomado nunca la decisión de escribirlo.

¿Qué significa para el arte la figura de Dominique Gonzales Foerster?

Es, según Le Monde, “figura central del arte contemporáneo europeo”. Y yo no puedo estar más de acuerdo.

Me gustaría detenerme en Borges. Su obra situó a la literatura en un listón muy alto. Nadie luego ha alcanzado esa cima…

El mejor artículo que se ha escrito sobre Borges –y mira que se han escrito cosas- es La página perfecta, de Alejandro Rossi (se encuentra en Manual del distraído).

Sobre la literatura argentina hemos tenido este año muchas novedades pero quizá, la más destacada, sean los diarios de Ricardo Piglia.

Están muy bien. Adoro a Piglia, que es uno de mis escritores favoritos. También he leídoLa forma inicial, conversaciones en Princeton, otro libro de Piglia, éste publicado en Sexto Piso. Buenísimo. Un pozo de ideas. Su literatura perdurará.

Sus artículos periodísticos (‘Café Perec’) no son nunca ajenos a la realidad política y social que estamos viviendo. La política, el nacionalismo y otros asuntos de actualidad cruzan estos textos. ¿Se está sacando todo de contexto en España?

“Un sol poble” (Un solo pueblo), dijo Artur Mas el otro día. Pero hay quien entendió: “Un sol moble” (Un solo mueble). ¿Qué mueble? Pues la poltrona, ¿qué va a ser?

Más de 40 libros conforman ya su universo literario. ¿Vila-Matas no se acaba nunca?

Sí. Porque, recreando palabras de Churchill, cuando Vila-Matas se acabe, cuando llegue a su fin, ese será sólo el fin del comienzo.

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